Santa Cruz de Santiago

En la ensenada formada por los barrancos de Santos y Tahodio, en el antiguo menceyato de Anaga, se fundó Santa Cruz de Santiago, una vez que entrara por su puerto en 1494 la expedición capitaneada por Alonso Fernández de Lugo. Su aventajada ubicación costera con respecto a la entonces capital de la isla, San Cristóbal de La Laguna, la convirtió en un lugar estratégico para las actividades mercantiles, aunque su despegue portuario hay que situarlo en el tránsito del siglo XVIII al XIX. Será precisamente en dicho periodo, ya como capital de la Isla, cuando despunte como ciudad, tanto arquitectónica como urbanísticamente.

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Patrimonio Inmaterial

El patrimonio de Santa Cruz de Tenerife no sólo se limita a inmuebles u objetos, sino que comprende expresiones populares y tradiciones que de igual manera forman parte del bagaje cultural de los pueblos. Siguiendo el curso del calendario anual, debe destacarse en primer lugar el Carnaval, fiesta declarada de interés turístico internacional y la manifestación popular que más gente congrega de cuantas se realizan en el Archipiélago, que le hizo acreedora de pasar a formar parte del Guinnes World Records. La Semana Santa sabe conservar la esencia de la espiritualidad manifestada a través de los distintos actos de culto, tanto en los recintos sacros como en los cortejos procesionales, con devociones multitudinarias como la que congrega el veneradísimo Cristo de las Tribulaciones. Mayo es el mes para recordar los orígenes fundacionales, por medio de expresiones populares y festivas como el baile de magos y la exhibición de cruces de flores en la Rambla. Julio recrea, por medio de La Gesta, el Santa Cruz de 1797, momento en que las tropas del General Gutiérrez vencieron a las británicas capitaneadas por Horacio Nelson.

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Patrimonio Arqueológico

Pese a su perfil eminentemente urbano, Santa Cruz de Tenerife reúne un elevado número de yacimientos arqueológicos de época indígena. Se distribuyen en zonas limítrofes a la ciudad, en barrancos como los de Tahodio o Santos, en lomos y llanos del distrito suroeste y, sobre todo, en el macizo de Anaga, lugar en el que es posible encontrar algunos de los enclaves patrimoniales más singulares de Tenerife. Grabados rupestres, estaciones de cazoletas y canales, cuevas naturales, fondos de cabaña, concheros y dispersiones de material arqueológico en superficie son las tipologías más habituales del registro aborigen del municipio. Su importancia se ve correspondida con la presencia de tres grandes zonas arqueológicas: Barranco del Muerto, Barranco del Pilar y La Gallega, donde se concentran tanto grabados rupestres geométricos y figurativos, como cuevas sepulcrales y lugares de hábitat.

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Patrimonio Etnográfico

Santa Cruz de Tenerife conserva buenos ejemplos de su pasado más reciente, sobre todo lo relacionado con actividades agrícolas tradicionales como la molienda del cereal o la producción de gofio. Tanto el molino de Llano del Moro, que mantuvo su actividad hasta el segundo cuarto del siglo XX, como el de Barranco Grande, que sufrió recientemente una restauración importante, evidencian la importancia de esta labor para la subsistencia de los santacruceros. En mejor estado de conservación, debido a su cronología más reciente (1925), se encuentra el Molino de Cuevas Blancas, que refuerza la idea del próspero pasado agrícola de la isla de Tenerife.

Junto a los molinos destaca la Hacienda de las Palmas de Anaga, uno de los mejores exponentes de la arquitectura rural que se conserva en la Isla, y que reúne ejemplos singulares de hornos y lagares excavados en piedra.

El progreso de las ciudades suele generar el abandono de muchas formas de vida y prácticas económicas consideradas tradicionales. Santa Cruz de Tenerife no es una excepción. El desarrollo urbanístico ha ido ocupando zonas que, con anterioridad, se dedicaron a la agricultura o a la ganadería. Sin embargo, en lugares como El Tablero o Taganana, por mencionar solo dos barrios que aún mantienen alguna fiesta que rememora esas costumbres, es posible distinguir algunos hornos, eras o lagares. Aunque muy inferior en número al de épocas pasadas, sus fiestas y folklore muestran como sigue viva la tradición en muchos rincones del municipio.

Junto a estas actividades subsistenciales, el conjunto de muelles, naves industriales y varaderos de Valleseco pone de manifiesto la importancia de las actividades portuarias en el Archipiélago que, desde mediados del siglo XIX, convirtieron a la ciudad en punto estratégico de las rutas comerciales.

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Patrimonio Arquitectónico

Los ejemplos de arquitectura civil más antiguos conservados se deben al siglo XVIII, como el imponente Hospital Civil o el elegante Palacio de Carta, que dan paso a edificios de corte clásico y del clasicismo romántico como el Parlamento de Canarias, el Antiguo Mercado, el Teatro Guimerá o la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. La llegada de técnicos titulados en las escuelas de arquitectura peninsulares como Antonio Pintor, Mariano Estanga, Eladio Laredo o Miguel Martín Fernández de la Torre dejaron interesantes ejemplos bajo diferentes estilos artísticos. Cabe destacar la solución neogótica para el Colegio de la Asunción, el eclecticismo neobarroco del Círculo de Amistad o el clasicismo monumental del Ayuntamiento. Más reciente en el tiempo, Luis Cabrera programó en la década de los cincuenta bajo unos parámetros de severa racionalidad el singular edificio Financiera, sede hoy de la Policía Local.

Una temprana edificación de finales del siglo XVI, el castillo de San Joaquín, se situó en la vía que unía el puerto con La Laguna, con idea de cortar el paso a las diversas incursiones que pudieran afectar a la ciudad. Ya en los siglos XVII y XVIII se ubicaron estructuras similares en las costas santacruceras, como los castillos de San Juan, Paso Alto o San Andrés.

La arquitectura de tipo religioso denota, por su parte, la clara evangelización llevada a cabo tras la conquista europea, con edificios imponentes como la iglesia de la Concepción, San Francisco o Nuestra Señora de las Nieves en Taganana, junto a ermitas que reforzaban esta labor en diferentes pagos.

Una mención singular supone la construcción del Templo Masónico de San Lucas proyectado a principios del siglo XX para la incipiente comunidad masónica de la capital que se organizaba por medio de logias.

La ciudad posee gran cantidad de interesantes propuestas edificatorias de los siglos XX y XXI. Los más antiguos son proyectos de Mariano Estanga ejecutados en los primeros años de la centuria, donde queda patente la experimentación que llevó a cabo este técnico, con variopintas soluciones de contrastados estilos artísticos. La década de los años treinta y cuarenta destaca sobremanera por la producción del granadillero José Enrique Marrero Regalado, con distintas tipologías de edificios de tipo civil (Mercado), militar, de ocio (Cine Víctor, Antigua puerta del Estadio Heliodoro) y residencial. La modernidad arquitectónica que impregna la sede del Colegio de Arquitectos (1968) se vio amplificada con propuestas posteriores como la Sede de Presidencia del Gobierno, así como otras debidas a Santiago Calatrava (Recinto Ferial, Auditorio) o Herzog & De Meuron y Virgilio Gutiérrez (TEA) que dan paso a la ciudad de la modernidad que es el Santa Cruz del siglo XXI.

Santa Cruz conserva algunos conjuntos históricos que evidencian la relevancia de su urbanismo y arquitectura, reflejo del pasado próspero de la burguesía comercial asentada en ella. Sus orígenes fundacionales se vinculan con el conocido como «Antiguo Santa Cruz» que abarca los aledaños del antiguo Castillo de San Cristóbal, la calle de La Noria, el convento franciscano de San Pedro de Alcántara, la calle del Norte (Valentín Sanz) y el puerto, teniendo como eje vertebrador la calle de El Castillo. Igual interés despierta el núcleo de El Toscal, que se origina a partir de la urbanización de una extensión de terreno ocupado por huertas y baldíos. En ellas se asentaron numerosas familias trabajadoras, fundamentalmente del puerto, que promovieron la construcción de viviendas singulares y que le han otorgan al barrio un aire de homogeneidad. Aunque si los conjuntos históricos anteriores interesan desde el punto de vista histórico, no menos lo es el denominado Barrio de Los Hoteles, conformado con un catálogo variopinto ideado por los arquitectos Manuel de Cámara, Antonio Pintor y Mariano Estanga.

En la calidad de vida de la población influye mucho lo cuidado de sus espacios públicos, y Santa Cruz puede considerarse como una ciudad que ha sabido entenderlo desde fecha temprana. Son numerosos los espacios de la ciudad destinados al esparcimiento y el ocio, como las tempranas propuestas de la Alameda del Duque de Santa Elena, o las decimonónicas plazas Weyler y del Príncipe, con sus espacios ajardinados y esculturas notables. Apartado especial lo merecen las fuentes de abastecimiento público (Morales, Isabel II y Santo Domingo), lugares de encuentro de la población que, aunque actualmente sin la utilidad para la que fueron concebidas, evidencian las costumbres de un pasado no muy lejano. Por su parte, la antigua Farola del Mar, en desuso desde hace más de medio siglo, se convierte de nuevo en un testimonio de una ciudad abierta al mar por medio de su influyente puerto comercial.

Santa Cruz de Tenerife es una ciudad pionera con respecto a otras del Archipiélago en cuanto a la ubicación de esculturas en su vía pública. Las primeras manifestaciones datan de 1759 con la colocación de una Cruz de Mármol y, en la década siguiente, la erección del Triunfo de la Candelaria, debidas al mismo promotor. A ello le siguió, ya en el siglo XX, el homenaje al capitán Diego Fernández Ortega, conocido como «La Estatua» por ser la primera representación de un personaje contemporáneo ubicado en la vía pública. En 1972 Chirino propone con su Lady Tenerife un nuevo concepto de monumento arte urbano, que fue el germen para el desarrollo de la posterior Exposición Internacional de Escultura en la Calle que acogió en sus dos ediciones (1973 y 1994) interesantes propuestas debidas a influyentes artistas del momento en el panorama nacional e internacional. Las décadas más recientes han visto colocar otro tipo de homenajes genéricos (aguadora, lechera, pescadores) a lo que se suma la reinvención de su arte callejero con la plasmación de diferentes murales siguiendo la corriente internacional del Street Art.

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